En una reunión de 45 minutos te mostramos qué se puede automatizar en tu negocio, cuánto te cuesta hoy hacerlo a mano, y cómo sería tu sistema a medida. Te lleves o no el proyecto con nosotros.
Por Google Meet · 45–60 min · los $50.000 se descuentan de tu proyecto
Clientes, cuotas y deudas anotados en papel o en mil Excels sueltos. Así maneja sus datos 4 de cada 10 pymes de la región, según el Banco Interamericano de Desarrollo.
Para crecer o tomar más trabajo, la única salida es sumar gente para hacer lo mismo a mano, y en Argentina casi el 35% de lo que te cuesta cada empleado nuevo son cargas sociales, no sueldo de bolsillo.
El software genérico te obliga a cambiar tu forma de trabajar para que encaje en su molde, en vez de adaptarse a cómo trabajás vos. Le pasa al 82% de las empresas, según una encuesta a más de 500 ejecutivos de negocio y tecnología.
Errores de carga que salen caros: un pedido mal, un mueble rehecho, una cuota mal calculada. Corregir un error a tiempo cuesta 10 veces menos que corregirlo después, y hasta 100 veces menos que cuando ya llegó al cliente.
Stock y precios en planillas que nadie tiene actualizadas: en promedio, lo que dice el sistema coincide con la mercadería real apenas un 65% de las veces.
Horas cada semana copiando los mismos datos a mano de un lado a otro: estudios de productividad ubican esto en hasta un 10% de la jornada de un empleado.
No sabés cómo viene el negocio en tiempo real: para ver ventas, caja o quién te debe, tenés que sentarte a sumar planillas, como le pasa a más de la mitad de los dueños de pyme según encuestas del sector.
El sistema que usás hoy no te banca crecer: pasás cierto volumen de pedidos y se rompe, así que tenés que empezar de cero con otra cosa.
Tus clientes te preguntan mil veces "¿cómo va mi pedido / turno / reparación?" y se lo contestás a mano una por una.
Pedidos que llegan por WhatsApp y se pierden entre mil chats.
Todo depende de que una persona "se acuerde". Si falta, el negocio se traba.
Pagás una suscripción cara, muchas veces en dólares, por un sistema enlatado que igual no hace lo que tu negocio necesita.
Tenés miles de papeles en archivo físico, y para saber la deuda de un cliente hay que buscar carpeta por carpeta en vez de escribir el nombre o DNI y que aparezca todo.
Cada error, cada pedido perdido y cada hora copiando datos es plata que se va todos los meses, sin que aparezca en ningún balance. Y mientras tanto, el negocio de al lado que ya digitalizó atiende más rápido, comete menos errores y crece sin tener que contratar más gente.
Si leíste esto y pensaste "me pasa"… esta reunión es para vos.
Además de lo de arriba, cada rubro tiene sus propias vueltas. Estos son los que más nos repiten.
Manejar descuentos por bulto, por volumen y bonificaciones cruzadas sin que te rompan el margen es imposible en una planilla.
Vender en más de una provincia te obliga a calcular percepciones y retenciones de Ingresos Brutos distintas en cada factura, y un error te sale caro.
El vendedor que sale a la ruta no sabe si hay stock en otro depósito, promete lo que no hay y después tenés la devolución.
Cada fin de semana el reparto vuelve con efectivo, cheques y devoluciones mezclados, y nadie puede decir con certeza qué faltó.
Con márgenes de mayorista tan ajustados, un solo error de precio en un pedido grande te borra la ganancia de la semana.
En las rutas del interior se corta la señal por horas, y sin un sistema que funcione offline, el vendedor vuelve a anotar en papel.
Las marcas grandes te exigen reportar ventas y stock todos los días en su formato, y si no lo hacés automático te arriesgás a perder la distribución.
Entre efectivo, cheques a 30 o 60 días, transferencias y billeteras virtuales, nunca tenés claro cuánto te debe cada cliente.
Sin trazabilidad certificada para SENASA no podés exportar a los mercados que pagan en dólares.
La liquidación de cosecha te exige calcular humedad, merma, clase y descuentos a la vez, y un error dispara un reclamo del productor.
Cada tipo de carga pide un remito distinto (granos, tabaco, verdura, carne) y hoy los cargás todos a mano.
La cosecha, la zafra o la vendimia concentran meses de trabajo en unas pocas semanas, y si el sistema no aguanta esa presión, perdés la campaña.
Tercerizás trabajo en la finca sin registrar, y una auditoría de AFIP o RENATRE te puede salir carísima.
Tenés mercadería en varios silos o plantas distintas, y nadie sabe cuánto hay realmente sin ir a medir.
Perdés kilos por humedad, roedores o polilla en el almacenaje, y no lo ves hasta que audita SENASA.
¿Poroto contrastante o defecto? ¿Tabaco de qué grado? La clasificación es a ojo y siempre termina en reclamo.
En la Puna, una nevada o un camino cortado te deja sin saber cuándo llega el repuesto que necesitás.
Controlar quién subió, dónde duerme y quién bajó de un campamento de miles de personas a 4.000 metros es un lío en planillas.
Tenés que poder demostrar en cualquier momento que el agua y la salmuera se manejan bien, o te frenan la operación por conflicto social.
La Ley 8164 te exige demostrar un porcentaje de proveedores locales (el tuyo y el de tus subcontratistas), y si no lo medís bien te quedás sin el contrato.
Pasaste de no existir a estar inscripto como proveedor minero, y ahora te auditan como si tuvieras diez años de historial que no tenés.
Los choferes manejan horas en curvas de montaña con la altura encima, y sin control de fatiga, un accidente te para semanas.
Una parada de planta por una falla de tu sistema cuesta cientos de miles de dólares por hora, y esa responsabilidad es tuya.
Ahí arriba no hay señal por horas: si tu sistema no funciona offline, tu gente vuelve al papel justo cuando más necesitás el dato.
La obra social te rechaza pagos por errores de papeleo que no podés prever, y las reglas de cobertura cambian sin aviso.
Desde el año pasado la receta tiene que ser digital y registrada, pero todavía la seguís anotando en papel.
Cargás el mismo dato de la consulta tres veces: en el turnero, en la historia clínica y de nuevo para facturarle a la obra social.
La autorización de una obra social tarda semanas, y a veces te la rechazan después, cuando el paciente ya fue atendido.
No podés confirmar si la cobertura del paciente sigue activa cuando llega, así que atendés a ciegas o le cobrás de más.
La historia clínica está repartida entre papel, Excel y un sistema viejo, y eso es un riesgo legal, no solo una molestia.
El turnero no habla con la facturación ni con el laboratorio, así que la recepción termina armando el puente a mano.
Se te pisan reservas entre WhatsApp, Booking y las agencias, y el turista termina llegando sin lugar.
Cada reserva de Booking te deja el 18-20% en comisión, y no te da el volumen para pagarte un sistema de reservas como la gente.
En zonas sin señal, tu guía no puede confirmar nada ni acceder a la lista de pasajeros hasta volver a la ciudad.
A cada turista extranjero le tenés que armar facturas separadas para el reintegro de IVA, y un error te sale una multa.
Cobrás en dólares, la tarjeta liquida en un tipo de cambio distinto, y la plata te llega recién a los 15 días.
Vendés la habitación en un sistema, el restaurante en otro y la bodega en un tercero, y terminás con el mismo huésped cargado tres veces.
Tenés meses al 80% de ocupación y meses al 25%, y no tenés cómo ajustar precio ni personal a tiempo.
Armás un paquete con hotel, transporte y guías de terceros, y no sabés si ganaste o perdiste plata hasta un mes después.
Tus presupuestos quedan viejos en semanas porque los costos suben todos los días y no llegás a recalcular a tiempo.
En obra pública, esperás meses la redeterminación de precios mientras la inflación te come el margen.
El certificado de avance tarda semanas en armarse, así que cobrás tarde y la inflación te licúa lo que ibas a ganar.
Vendés acopios que se retiran durante el año, y no sabés si te queda stock físico o ya se lo llevaron.
Pedís mal un flete, el camión viaja vacío o sin carga de vuelta, y el margen se te va todo en transporte.
En la obra se pierden herramientas de a poco, nadie anota bien quién se las llevó, y lo descubrís cuando ya no hay margen.
El material figura en el sistema pero está físicamente en otra obra o depósito, y te enterás cuando el cliente reclama.
Los capataces reportan horas por WhatsApp con adicionales "de palabra", y no sabés si pagaste bien o te estafaron.
Tenés mora de alquiler y expensas sin cobrar, y no podés automatizar ni el recordatorio ni la conciliación de quién pagó qué.
Publicás la misma propiedad en ZonaProp, Argenprop y tu web a mano, y cuando se vende te olvidás de bajarla en alguna.
Cada mes recalculás alquileres con el índice que corresponda en una planilla, y un error de redondeo te termina en reclamo.
Los vendedores manejan todo por WhatsApp personal, y si uno se va, se lleva la cartera de clientes con él.
Los vecinos no entienden en qué se gastan las expensas, y sin poder mostrárselo claro, terminás en asamblea de reclamos.
Un contrato de alquiler se demora semanas porque nadie sabe quién tiene el PDF que falta para cerrar.
Los portales te cobran comisiones altas por cada operación, y no tenés cómo generar demanda propia para no depender de ellos.
Dos agentes agendan la misma visita a la misma hora por WhatsApp, y el dueño de la propiedad se termina enojando.
En las rutas de la Puna te quedás sin señal por horas, y perdés control de la entrega hasta que el camión vuelve a tener cobertura.
Te roban combustible en la ruta y no tenés forma de saberlo si tu GPS no controla el consumo real.
Entre ARCA, SENASA y la carta de porte, el chofer carga papeles para todos lados y te retienen el camión en la ruta.
El camión espera horas en la planta, el acopio o la mina para que le den turno, y todo se coordina por teléfono.
El chofer vuelve con los papeles de la rendición arrugados, y tardás una semana en poder facturar.
Tenés GPS en los camiones pero no un tablero que te diga dónde está cada uno; el chofer es tu único seguimiento.
Tus clientes mineros piden trazabilidad y un portal para calificarte como proveedor, y vos seguís operando por WhatsApp.
No sabés si cada viaje te deja plata o no, y terminás fijando tarifas a ojo.
Vendés por la web algo que ya se vendió en el local, o que en realidad está en otra sucursal.
Cada cliente mayorista tiene un precio distinto según volumen o acuerdo, y ningún sistema genérico te lo banca sin quilombo.
Los pedidos mayoristas te llegan por WhatsApp, se pierden entre chats y terminás cargándolos a mano igual.
Tus clientes mayoristas compran a cuenta corriente, y no tenés forma de mostrarles el crédito disponible antes de que pidan de más.
Tenés local, web y Mercado Libre, pero ninguno se habla entre sí: precio, stock y pedido nunca coinciden.
Tu sistema contable y tu tienda online no se hablan, así que cada pedido de la web lo volvés a cargar a mano.
Si los vendedores sienten que un portal B2B les saca la comisión, lo boicotean y el proyecto se cae desde adentro.
El día de una promo grande, el stock de la web se actualiza cada media hora, y vendés lo que ya no tenías.
Un software a medida no es una plantilla ni una app genérica que tenés que adaptar a la fuerza. Es un sistema construido alrededor de cómo trabaja TU negocio: tus pedidos, tu stock, tus clientes, tus números, todo en un solo lugar, sin errores de carga y sin depender de la memoria de nadie.
Soy Fran, CEO y CTO de Volkum. Hace 8 años que desarrollo software y sitios para negocios argentinos, con más de 20 proyectos entregados. La reunión la tenés conmigo, no con un vendedor: soy programador yo mismo y trabajo codo a codo con el equipo, así que el que diagnostica es el mismo que después construye el sistema y el que vas a tener al lado durante todo el proyecto.
Entendemos tu negocio y qué conviene automatizar (esta reunión).
Tras firmar el contrato y un anticipo, te mostramos una primera versión real.
Construimos el sistema en partes, viéndolo crecer y ajustando sobre la marcha.
Quedamos para mejoras y ajustes. El sistema es tuyo y sigue creciendo con vos.
"Desde el minuto 1 empezó a hacer la página, en cada parte del diseño me incluía y la íbamos trabajando a la par. A veces es difícil transmitir lo que uno necesita y Fran logró hacerlo de forma excelente y rápido. Sin dudas lo volvería a elegir para futuros proyectos."
- Santiago Bianchini · Bianchini Advisors, Consultoría Financiera
Provincia de Buenos Aires, Argentina · LinkedIn
"Desde el primer día supieron comprender nuestra esencia y convertirla en una imagen sólida, moderna y auténtica. El crecimiento en redes, el aumento de interacción y la llegada de nuevos clientes en apenas unos meses son el reflejo del excelente trabajo realizado."
- Alejandro Reinaldi · Estudio Jurídico Reinaldi
Córdoba, Argentina · Instagram
Una hora de trabajo real sobre tu negocio. Salís con esto en la mano, tengas o no que contratarnos después:
Qué procesos de tu negocio se pueden automatizar y cuáles no conviene tocar.
Qué sistema necesitás concretamente y cómo funcionaría en tu día a día.
Un número realista, sin sorpresas, para que sepas a qué atenerte.
Por dónde empezar y en qué etapas, para avanzar sin frenar tu operación.
Si después trabajamos juntos, esos $50.000 se restan del presupuesto. En la práctica: si avanzamos con tu proyecto, la reunión te sale $0. No es un gasto: es el primer paso de tu sistema, y uno que recuperás.
¿Por qué la cobramos? Por dos razones honestas: para dedicarte una hora real de diagnóstico (no una llamada de venta disfrazada), y para hablar solo con gente que se toma en serio resolver su problema.
Elegí día y hora, dejá tus datos y reservá tu lugar. Recibís el link de Google Meet al instante.
El próximo paso es una hora para ver cómo resolverlo, con un diagnóstico y una propuesta que te llevás sí o sí.
$50.000 · se descuentan de tu proyecto · Google Meet 45–60 min
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